YO, PADRE

Emcionada maaaal… comparto con ustedes este post, hace una semana exactamente hicimos una suerte de “Reto- Convocatoria” a hombres interesados en expresar su punto de vista en este mi humilde hogar virtual.

Para sorpresa mía, recibí varias inscripciones, lo cual agradezco, y entre ellas vi el nombre de un gran amigo, a quien estimo y admiro mucho; Luis Alberto Flores… podría extenderme muchísimo hablando de su Curriculum Vitae y experiencia profesional, pero a raíz del post que me envió, les diré que es padre de dos guapísimas adolescentes y esposo de una increíble y valiente mujer, hasta su mascota es hembra y el sobresale en este matriarcado de una manera espectacular, siendo un pilar bien fundado de su familia, gracias Lucho por compartir con nosotras… El primer post MASCULINO para “Ser Mujer”, disfruten su texto….

Luis Alberto Flores

Los últimos meses la sociedad peruana asistió al drama de una familia (o dos familias para ser más exactos) en el marco de la búsqueda del cuerpo de Ciro Castillo-Rojo en el Valle del Colca. Una vez encontrado el cadáver, las muestras de solidaridad no dejaron de sucederse y uno se preguntaba ¿Por qué? La misma pregunta encontró eco en los medios de comunicación, todos aportando más o menos la misma teoría. En un país como el Perú, donde la tasa de niños abandonados y/o no reconocidos por sus progenitores nos recuerda nuestro estigma de nación tercermundista, la abnegada y dramática búsqueda de Ciro padre sensibilizo a una sociedad acostumbra a los accidentes de tránsito con víctimas sin responsables a la vista, habituada a observar barra bravas que aterrorizan a transeúntes indefensos y un largo etcétera cuya descripción seria dolorosa y vergonzante. En los días del sepelio y entierro de Ciro, su padre expresó algunas frases que me dejaron reflexionando “No es natural que un padre sepulte a su hijo, debe ser siempre lo contrario”… fue una de ellas. 

Alguna vez leí que el hombre expresa su condición de humano cuando sus acciones tienen como objetivo establecer un mejor futuro para sus hijos, pero que alcanza el nivel de civilizado cuando conscientemente hace un esfuerzo por abrigar a la segunda y tercera generación, es decir, nietos y bisnietos. También leí en una de las novelas de Cuauhtémoc Sánchez que el hombre no solamente hereda a sus hijos los bienes materiales, también hereda (lamentablemente) sus propios temores, sus taras, sus inseguridades, prejuicios y demás aspectos emocionales negativos. Hace unos meses mi hija mayor sufrió un asalto del cual solo lamentamos la pérdida de su celular, y claro, también lamentamos que ocurriera a medio día, en pleno centro de la ciudad, y que no hubiese policía o persona alguna cerca para socorrerla. Entonces comencé a suponer a mi persona y a mi familia en situaciones extremas, con mis hijas desaparecidas o sufriendo alguna consecuencia de las múltiples posibles al vivir en una sociedad tan violenta e insegura como la nuestra. Seguramente haría todo lo humanamente posible por tenerlas a mi lado, sanas y salvas.
Pero, ¿Por qué esperar a una situación extrema? A mi hija siempre le hable de andar por calles seguras, de no hablar con extraños, de mirar a todos lados cuando está caminando. A tomar nota del número de placa del taxi al que sube, mil consejos mas. En este pensamiento estaba cuando a don Ciro le preguntaron “¿Qué olvido decirle a su hijo?” Y aparentemente no había mucho más que decirle. ¿Acaso un padre que ha demostrado tanto empeño y testarudez en buscar a su hijo perdido, no es el mismo padre que casi ya le dijo todo a su primogénito? Tiene sentido. Y estoy casi seguro que Ciro hijo sabía que su padre movería cielo y tierra para dar con él. Las comparaciones son odiosas, pero fue la familia del joven Castillo-Rojo la que salió a los medios anunciando que dos jóvenes estaban perdidos en el Cañón del Colca. 
Entonces rescaté de esta desgracia ajena una lección para mi vida. No tengo por qué esperar a que una de mis hijas se pierda, la asalten, la asusten, para que ella sepa (al ciento por ciento) que cuenta con un padre y una familia que siempre la cuidara y cobijara. También entendí que todos los consejos sobre precauciones no son suficientes, a menos que estén acompañados de pensamientos positivos, de mensajes de esperanza, de admoniciones en pro de un mundo mejor para ellas y las generaciones que lleguen después de ellas. Que así como gran parte de un país se contagio de la pena de un padre, de nada sirve solo con resaltar el ejemplo si uno no está dispuesto a hacer pequeños sacrificios todos los días. 
Como explicaba líneas arriba, vivimos en un país del cual nos sentimos avergonzados al repasar los indicadores de pobreza, desempleo, desigualdad, criminalidad, impunidad; pero también es un país que nos llena de orgullo por los compatriotas notables que sacan brillo al nombre del Perú, por su cultura milenaria, su historia rica y un presente de peruanos pujantes y emprendedores. Todos tenemos deudas con esta sociedad y con nuestros respectivos hogares, es momento de cambiar. Es tiempo de brindar ayuda antes que la pidan, es tiempo de pensar antes de actuar y de actuar hoy, es tiempo corregir antes de criticar, es tiempo de alentar antes de lamentar; pero también es momento de recordar que esta vida es prestada, que el nombre que tenemos durara solo lo que dure la memoria y vida de quienes nos conocen, que todos los hijos tienen derecho a tener padres héroes, que el momento oportuno es cualquier día a cualquier hora. Reflexionando, es tiempo de llegar a casa y decirle a mis hijas (otra vez) cuanto las quiero.

Luis Alberto Flores


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